martes, 29 de marzo de 2011

La rana del pozo

Las dificultades y los retos que encontramos en nuestro caminar diario tienen que ser oportunidad de progreso y crecimiento, nunca de miedo y vacilación.

En ocasiones lo desconocido nos paraliza y tomamos la decisión más conservadora. Pero también hay situaciones en las que hay que 'romper amarras' y atreverse a traspasar el umbral de lo desconocido.

Todos los grandes personajes de la historia han tenido un momento crucial en el que han dado el paso decisivo en sus vidas que ha marcado su futuro.

La historia de esta semana, La rana del pozo, quiere recordarnos la importancia de no conformarse con lo que somos, de no dejarse llevar por los prejuicios y de buscar siempre motivos de superación. 

No sólo encontraremos nuevos caminos, sino que abriremos paso a otros que están esperando una oportunidad.

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La rana del pozo

En un pozo profundo vivía una colonia de ranas. Llevaban su vida, tenían sus costumbres, encontraban su alimento y croaban a gusto haciendo resonar las paredes del pozo. Protegidas por su aislamiento, vivían en paz, y sólo tenían que guardarse del cubo que, de vez en cuando, alguien echaba desde arriba para sacar agua del fondo del pozo. 

Daban la alarma en cuanto oían el ruido de la polea, se sumergían bajo el agua o se apretaban contra la pared, y allí esperaban hasta que el cubo era izado y pasaba el peligro.

Fue a una rana joven a quien se le ocurrió pensar que aquel cubo podía ser una oportunidad en vez de un peligro. 

Allá arriba se veía algo así como una claraboya abierta, que cambiaba de aspecto según fuera de día o de noche, y en la que aparecían sombras y luces, formas y colores, que hacían presentir que allí había algo digno de conocerse. Y, sobre todo, estaba el rostro con trenzas de aquella figura bella y fugaz que aparecía sobre el brocal del pozo al arrojar y recoger el cubo todos los días. 

¡Había que conocer todo aquello! La rana joven habló, y todas las demás se le echaron encima: «Estás loca. Nosotras hemos nacido para estar aquí, y es aquí donde nos va bien y somos felices. Fuera del pozo la vida es angustiosa y absurda. ¿Cómo te atreves a ir contra las costumbres de todas? ¿Es que una rana jovenzuela como tú puede saber más que la experiencia de todas nosotras?».

La rana jovenzuela esperó pacientemente la próxima bajada del cubo. Se colocó estratégicamente, y en el momento en que el cubo comenzaba a subir dio un salto sobre él, ante el asombro y el horror de la comunidad batracia. El consejo de ancianos abominó de semejante actuación y prohibió que se hablara de ella. Había que salvaguardar la seguridad de la vida en el pozo.

Pasaron los meses y un buen día la rana aventurera se asomó al brocal del pozo. Desde abajo, todas miraban sin atreverse a decir nada. La rana fugitiva les habló de cómo se vivía fuera, de la variedad de alimento, de la libertad, del sol y las plantas, de cómo había sitio para todas, porque era muy grande y nunca se acaba de ver lo que había a lo lejos.


Desde abajo, las fuerzas del orden advirtieron a la rana que, si bajaba, sería ejecutada por alta traición. Hubo mucho revuelo, y algunas ranas quisieron comentar la propuesta, pero las autoridades las acallaron enseguida y la vida volvió a la normalidad de siempre. 

Sin embargo, a la mañana siguiente, la niña de las trenzas rubias se quedó asombrada cuando, al sacar el cubo, ¡vio que estaba lleno de ranas!


La Historia de la Semana

1 comentario:

psicoisapecat dijo...

Lindísima foto con la que cierras tu presentación: llena de vida y esperanza.
A veces olvidamos quienes somos y todo lo que hay dentro de nosotros para autosuperarnos, porque en realidad no estamos solo.
Gracias por recordármelo. Esta historia no la sentía desde que tenía 20 años...,
Un abrazote.
Isa